Club Ibérico de Módulos H0

Ponferrada 2024 – Crónica del Encuentro

PONS FERRATA

XXIV Encuentro del Club Ibérico de Módulos H0

Autor: José Luis Nieto

Son las seis de la mañana y, como todos los días, Manuel se echa un poco de agua en la cara para despejar completamente la somnolencia de su reciente despertar, toma un contundente desayuno compuesto por huevos, tocino, chorizo y regado por algunos “chupitos” y, casi sin haber pronunciado palabra, sale de casa camino de la mina en la que trabaja. Al llegar, va directo al vestuario, donde penden las ropas de trabajo que los mineros dejaron colgadas del techo el día anterior para que se secaran. Mientras se embute en el sucio pantalón y la camiseta ennegrecida, Manuel comenta con sus compañeros el estado de las negociaciones que el sindicato está manteniendo con la empresa. Aunque aún queda mucho que discutir, parece que algo se va a conseguir de las reivindicaciones planteadas. Los mineros del turno de mañana se sienten hoy optimistas.

No hay tiempo para mucha charla. Hay que subir al ascensor-jaula que les transportará a casi trescientos metros de profundidad, desde donde Manuel caminará por la tercera galería hasta llegar a su puesto de picador. A las ocho de la mañana suena la sirena y todos los mineros del primer turno deben comenzar su trabajo. Manuel se agazapa en el minúsculo nicho donde terminó su labor el día anterior y comienza a picar en la pared de antracita.

Narraciones muy similares a la anterior se repitieron indefinidamente durante décadas en la Ponferrada de la primera mitad del siglo XX. La población de la ciudad pasó de siete mil habitantes en 1900 a trece mil en 1940. A partir de ese momento, la eclosión de la minería produjo un crecimiento exponencial. En sólo una década, el número de habitantes casi se duplicó, llegando a cerca de veinticuatro mil en 1950. La abundancia de trabajo y de dinero hizo que la ciudad recibiera el calificativo de Ciudad del Dólar. A finales de siglo rebasaba los sesenta mil habitantes.

Ponferrada es un referente en la minería española y en las industrias derivadas del carbón, como la producción de energía eléctrica. Por eso, cuando en el CIMH0 planificamos uno de nuestros Encuentros en la ciudad leonesa, no tuvimos duda de que había que complementar nuestra tradicional explotación ferroviaria con una pequeña inmersión en la historia ponferradina. Y quien mejor para organizarla que Miguel Ángel González Oviedo, el miembro ponferradino del Club.

Miguel Ángel preparó un programa perfecto. La primera visita fue al Pozo Julia de Antracitas de Fabero. Una explotación que llegó a alcanzar setecientos cincuenta metros de profundidad, y casi treinta kilómetros de recorrido en sus siete niveles de galerías subterráneas. Allí, Chencho y José nos transportaron con sus explicaciones a la dura vida de los mineros. Como antiguos picadores que fueron, nos describieron con pasión las difíciles condiciones de trabajo, las herramientas usadas, el ciclo que seguía la antracita desde su extracción hasta su transporte en ferrocarril desde Villablino y, también, algunos de los momentos trágicos de la explotación minera.

Otra visita obligada era La Fábrica de Luz. Un museo instalado en la primera central térmica de Ponferrada, construida en 1920, que ha conservado íntegros todos los elementos de su funcionamiento: calderas, turbinas, sala de control… Por la brillante ejecución museística, el proyecto recibió de la Unión Europea en 2012 el premio Europa Nostra a la recuperación y rehabilitación del patrimonio industrial. La visita es interesantísima y, si además se tiene la suerte de tener un guía como Eduardo, que lo explica con pasión y muy didácticamente, los visitantes disfrutan y aprenden mucho más.

Pero la historia de Ponferrada no es solo carbón y centrales eléctricas. Sus orígenes se remontan a la época romana. Incluso hay indicios de algún poblamiento en el Neolítico. La villa, convertida en ciudad en 1908 por Alfonso XIII, ha sido durante siglos un enclave importante del Camino de Santiago. El desfilar de peregrinos por ella ha sido una constante desde que se inició la ruta jacobea en el siglo IX. Para facilitar el tránsito de los caminantes, en el siglo XI el obispo Osmundo de Astorga mandó construir un puente para cruzar el rio Sil. Puente que se reforzó con hierro, dando origen al nombre de la ciudad que creció alrededor de él: Pons Ferrata.

La anterior explicación fue una de las muchas que recibimos de Javier García Bueso, director general de los Museos de Ponferrada, una auténtica enciclopedia viviente de sabiduría histórica. Javier tuvo la amabilidad de acompañarnos en la visita que hicimos al Castillo de los Templarios que preside el casco antiguo de la ciudad, haciendo que nuestro paseo por la fortaleza fuera un auténtico disfrute. Sus comentarios y explicaciones, a cuál más interesante, nos descubrieron montones de anécdotas y sucedidos ocurridos a lo largo de los más de ocho siglos de vida del castillo. Fue un auténtico privilegio contar con las explicaciones de Javier.

Bueno, ¿y de los trenes qué? Pues antes de empezar con los trenes en miniatura, era obligada una visita al Museo del Ferrocarril de Ponferrada, que custodia una más que aceptable colección de locomotoras, vagones y coches de viajeros. Aquí también tuvimos la suerte de contar con una magnífica guía: Teresa. Experta y entusiasta, como todos los mencionados hasta ahora. Pocas veces he encontrado personas tan apasionadas y entendidas en su labor como guías, como todos los que nos atendieron en Ponferrada. Muchas gracias a Teresa, Eduardo, José y Chencho por la solvencia de sus explicaciones y por el entusiasmo que pusieron en ellas. Y, por supuesto, a Javier García Bueso, al que se debería apodar “el Sabio”. Todos ellos hicieron muy grata nuestra estancia en Ponferrada.

Por fin llegamos a nuestra maqueta. La montamos en la sala de turbinas de La Térmica Cultural, otra central térmica convertida en museo y en espacio para la cultura. La sala de turbinas tiene mil seiscientos metros cuadrados, lo que nos permitió montar una maqueta muy expandida, con cuatro largas ramas que totalizaban 175 metros de longitud. Un total de treinta y tres trenes circularon cada hora sujetos a horario, como es norma en el CIMH0. Lo mismo que la distribución de las circulaciones por administraciones ferroviarias y épocas. En el comienzo del viernes circularon trenes internacionales y en la última sesión del domingo lo hicieron trenes ibéricos de época V y VI.

La inauguración se hizo con toda solemnidad a las trece horas del viernes por el primer teniente alcalde del Ayuntamiento, Iván Alonso, acompañado por otros concejales y la directora de la Ciudad de la Energía, Yasodhara López. A esa hora, un tren minero con vagones de la Minero Siderúrgica de Ponferrada se puso en movimiento en Cerros Verdes. Un ambiente totalmente minero, como requería la ocasión. Los trenes carboneros tuvieron un protagonismo especial durante todo el encuentro. El domingo por la mañana recibimos la visita del alcalde, Marco Morala, quien, además de felicitarnos por el éxito de asistencia que estaba teniendo la exposición, nos agradeció el “toque” ponferradino de las explotaciones.

En este encuentro, nuestro compañero Javier mostró ya completamente decorado su conjunto modular “Torres de Alta Tensión”;  Alejandro nos sorprendió con un conjunto denominado “Post apocalíptico”, que hace honor a su nombre, además de la pareja de módulos de la “Casa de leñadores”;  pudimos comprobar que la estación de Castrillo de la Vega de Javi ya está terminada;  y dimos la bienvenida a dos nuevos miembros del Club, Jose y Chema, que aportaron lo que será la estación de Villaverde cuando terminen su decoración.

Gerardo montó su ya tradicional mesa de juego para los niños, en la que éstos deben formar las composiciones que determina una baraja de cartas, maniobrando con un conjunto de vagones fudre. La concurrencia masiva que tuvo durante todo el tiempo demostraba el gran éxito de la idea. También algunos privilegiados chavales, y chavalas, condujeron trenes por la maqueta usando un mando Daisy, bajo la atenta tutela de Jose Luis. No faltó la mesa de Maquetren, en la que Agustín mostró las nuevas adquisiciones de material ferroviario que ha incorporado recientemente. Y tampoco faltó el gran ambiente existente entre los miembros del Club. Comidas y cenas fueron ratos para la confraternización, las risas y los habituales brindis…”¡por la loconet!”.

Un encuentro más en el que hemos disfrutado de nuestra afición. Esta vez complementado por una ilustrada inmersión en la historia de esta gran ciudad de El Bierzo. Muchas gracias a Miguel Ángel y a los ponferradinos y… ¡hasta el próximo encuentro en Miranda de Ebro!

Castillo Templario de Ponferrada